La influencia de poemas épicos como La Iliada producen en la España de la Edad Media los romances y la épica que, en forma episódica, relatan las proezas de los héroes que simbolizan el carácter nacional. Poema del Cid o Cantar del Mío Cíd (c. 1440) es el canto nacional español y narra las hazañas y proezas de Rodrigo Díaz de Vivar.
El XIV es el siglo del florecimiento de la narrativa en España. Ya en este siglo detectamos dos líneas: idealista y didáctica. Dentro de la idealista se encuentra el libro precursor de las novelas de caballerías Historia del caballero Cifar (1300): colección de relatos con leyendas fantásticas, batallas y milagros. El clásico del siglo pertenece a la línea didáctica: El Conde Lucanor o Libro de Patronio (1335) de Don Juan Manuel.
Otra obra narrativa que pertenece a la lista idealista es Amadís de Gaula (c. 1508) que idealiza la vida del caballero andante y es modelo de muchas novelas posteriores. La "novela pastoril" se inicia en esta línea idealista con Diana (1559) de Jorge de Montemayor. Hay también una novela morisca idealista, como Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa (1565), destinada a idealizar al galán árabe y a su amada.
En 1449 aparece un texto representante de la novela dramática, Comedia de Calisto y Melibea o La Celestina de Fernando de Rojas, que es una combinación de drama y novela. Es un clásico de la literatura hispana.
1554 es un fecha fundamental. Aparece el primer ejemplo de novela en sentido moderno: Lazarillo de Tormes iniciadora del género de la picaresca, con el protagonista pícaro como figura central de la narración autobiográfica.
En el puente entre los siglos XVI y XVII, en el Renacimiento español, encontramos a uno de los narradores más celebrados: Miguel de Cervantes Saavedra. Cervantes escribió en muchas líneas. Dentro de la tradición idealista escribió la pastoril La Galatea (1585) y la poético-fantástica Los trabajos de Persiles y Sigismunda (póstuma, 1617) sobre las aventuras y peripecias de los dos amantes. En la línea realista, Novelas ejemplares (1613). Pero su obra máxima fue Don Quijote de la Mancha (1605 y 1615), que con Don Quijote y Sancho Panza representa la búsqueda de síntesis entre idealismo y realismo, y que se considera el primer modelo de teoría del arte novelístico por los muchos géneros y modos narrativos que incluye (caballersco, sentimental, pastoril, picaresco, psicológico).
El arte barroco corresponde al momento de plena decadencia político-económica de España y en este contexto aparece una picaresca que refleja una visión caótica, amarga y pesimista de la época. Vida del Buscón de Francisco de Quevedo es de este período.
Durante el período de la Ilustración (siglo XVIII), por otro lado, aparece una picaresca diferente, de espíritu analítico y reformista, de la que Fray Gerundio de Campazas (1758) de Francisco de Isla es representante.
La novela latinoamericana aparece a principios del XIX. Hay dos posibles
explicaciones del fenómeno tardío. Una: las autoridades españoles
prohibieron la difusión de obras de ficción en América
(por ociosas y peligrosas). Dos: para los españoles (soldados, aventureros,
clérigos) América fue un continente tan maravilloso que no
necesitaban imaginar maravillas ni aventuras.
Pero si bien no hubo novela, sí hubo literatura narrativa: crónicas
y épicas destinadas a informar al Viejo Mundo sobre los hallazgos
en tierras americanas, a convertir a los indios y a educar a la sociedad
colonial. La línea dominante de los textos en prosa durante la colonia
fue, entonces, la línea didáctica.
Es verdad que no hubo novela en el sentido moderno pero muchos textos coloniales contienen elementos narrativos. Algunos de estos textos son exponentes de la crónica colonial (Verdadera historia de la conquista de la Nueva España (1568) de Bernal Díaz del Castillo, Naufragios (1542-1555) de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Comentarios Reales (1581) y La Florida del Inca (1605) del Inca Garcilaso de la Vega --el más famoso prosista de América Latina colonial. Otros textos coloniales pueden considerarse "proto-novelas": Los infortunios de Alonso Ramírez (1690) de Carlos de Sigüenza y Góngora y El Lazarillo de ciegos caminantes (1773) de Concolorcorvo.
Se considera que la primera obra novelística latinoamericana es El periquillo sarniento (1816) del mexicano José Fernández de Lizardi. Ya con esta obra encontramos una tendencia característica del novelista latinoamericano: su afán de que su obra sea espejo de la realidad geográfica, histórica, política y social; el novelista como conciencia, maestro, portavoz. Fernández de Lizardi critica las instituciones políticas, sociales y religiosas del país. Otra característica que ya encontramos en El periquillo sarniento: el conflicto interior del escritor entre su herencia europea y su eherencia americana.
En el campo de textos en prosa, pero sin ser una novela (aunque su género sigue siendo tema de discusión por su naturaleza híbrida), en 1845 el argentino Domingo Faustino Sarmiento publica Vida de Juan Facundo Quiroga, texto que manifiesta el mismo conflicto interior encontrado en Lizardi pero representado ahora en la lucha entre la civilización y la barbarie.
El siglo XIX es el siglo del Romanticismo. En la península, el romanticismo no dejo novelas de importancia. Sin embargo sí dejo textos que son cuadros de costumbres. A partir de esta materia prima la novela realista elabora la llamada "novela regional o costumbrista". Tres novelistas son importantes en esta línea: quien inaugura el género es José María Pereda --seudónimo de Cecilia Bohl de Faber-- con La gaviota (1849), José María Pereda (Escenas montañesas --1864-- y Peñas arriba --1893) y Juan Valera (Pepita Jiménez, 1874).
También en la España del siglo XIX encontramos textos de orientación naturalista (es decir, influídos por el determinismo de la herencia y del ambiente), pero no tienen mucho éxito. Detalles naturalistas encontramos en Los pasos de Ulloa (1886) de Emilia Pardo Bazán, y, con más fuerza, en La Regenta (1884-1885) de Leopoldo "Clarín" Alas y La barraca (1989) de Vicente Blasco Ibáñez.
El Siglo de Oro de la novela española se da en la orientación realista. El equivalente al Cervantes del Renacimiento es Benito Pérez Galdos en el realismo. Galdos estudia la sociedad española mediante el contacto con el pueblo: sus textos reflejan un profundo conocimiento de la naturaleza humana y del carácter español. Como Cervantes en su época, Galdós cultivó todos los géneros novelísticos disponibles en su época: con Episodios nacionales (1873) se inscribe en la novela histórica para analizar los orígenes de la revolución española del siglo XIX; con Doña Perfecta (1876) y Gloria (1877) se inscribe en la novela de tesis para denunciar males sociales como el del fanatismo religioso; con su narración del idilio entre dos amantes, tema de Marianela (1878), se inscribe en la novela sentimental; con Misericordia (1897), que se concentra en las reacciones psicologicas de sus personajes en ciertas situaciones, Galdós se inscribe en la novela de contenido idealista. Para muchos lo más destacado de Galdos es la serie Novelas contemporáneas, donde pinta la vida madrileña, y de entre las que sobresale Fortunata y Jacinta (1886-1887) que se inscribe en la novela de costumbres.