HEREDERA DE UN PUEBLO MILENARIO
por Rigoberta Menchú
 

    Existe una interminable discusión sobre la diferencia entre pueblos indígenas, minorías étnicas y sectores vulnerables. Desde hace casi dos décadas, las Naciones Unidas comenzaron a abordar el tema. Creo que existe una profunda diferencia entre lo que son los pueblos indígenas, las minorías como tales y los sectores vulnerables. Cuando hablamos de minorías étnicas, estamos hablando de un concepto muy amplio. Empezando por la diversidad religiosa y cultural que puede existir en los países asiáticos, en los países africanos y también en los países del este de Europa. Se trata de pueblos que, en realidad, tienen origen distinto y otras características que los pueblos indígenas. Naturalmente, hay que escuchar y conocer a estos pueblos para responder a sus demandas. Pero muchos Gobiernos creen que polemizar o tergiversar la discusión sobre la cuestión indígena y mezclarla con el tema de las minorías étnicas es una manera de atrasar los avances legislativos en los derechos de los pueblos indígenas, en las Naciones Unidas o en las instancias regionales gubernamentales, como la Unión Europea o en la misma Organización de los Estados Americanos. De esa manera, evitan el avance del reconocimiento y respeto de los derechos de los pueblos indígenas, así como los derechos de las minorías.
    En América, hemos entendido por pueblos indígenas a aquellos que Cristóbal Colón confundió con los habitantes de la India hace más de quinientos años. También son indígenas aquellos pueblos donde se acentuó la colonización de una manera precisa o aquéllos donde la colonización no ha terminado. Por ejemplo, los hermanos del Pacífico viven todavía la colonización, por lo que podríamos considerarlos como pueblos originarios o pueblos indígenas. Aquí, en este gran continente nuestro, o se necesita mucho estudio para saber quién es indígena y cómo es un pueblo indígena.
    Pienso que el derecho de las minorías va mucho más allá de una reivindicación coyuntural, económica o política. Tiene un aspecto de reivindicación religiosa. Tiene características propias que han ido creando algunos rasgos de su identidad también. Pero para abordar el tema de las minorías hay que tomar en cuenta un conjunto de valoraciones sobre realidades muy concretas. Se necesita tener la capacidad de reconocer que es un tema amplio, serio, profundo y complejo. No se trata de una simple definición académica. En los últimos tiempos, las minorías crecen porque la sociedad capitalista en que viviemos es una sociedad que fragmenta la unidad a nivel nacional. La sociedad es cada vez más marginadora. Entonces llega un momento en que ya no sólo tiene contenido étnico-religioso sino de resistencia y de sobrevivencia frente a una sociedad excluyente. Me refiero a que en muchas partes del mundo se incrementa la proliferación de nuevas corrientes religiosas, ideológicas y políticas para tratar de dividir a grandes poblaciones en pequeñas sectas y pequeñas castas. Convierten a la población en un arma de diversidad que se enfrenta al proceso natural de relaciones armoniosas entre diversidad y la unidad nacional. Es una realidad que conocemos muy de cerca en América, en donde se experimentan nuevas corrientes religiosas que se imponen el objetivo preciso de fragmentar a la sociedad, de dividirla entre sí. Las minorías en el poder implementan toda una serie de mecanismos de represión institucionalizada para lograr el dominio sobre la mayoría.
    Cuando hablamos de minorías en Guatemala tendríamos que ubicar justamente quiénes son los sectores minoritarios. Ya no sólo podemos hablar de minorías que para unos ya son comunes, es decir, los sectores vulnerables: los niños de la calle, los discapacitados, los ciegos y sordomudos, los lisiados de guerra, las viudas, las víctimas, los más pobres entre los más pobres, las sectas religiosas, los afectados por el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) y otros. Estas minorías pertenecen a los distintos grupos étnicos. Podrían ser minorías en relación a una población mayoritaria afectada por la guerra, por los profundos problemas económicos, políticos, culturales y sociales.
    Cuando hablamos de pueblos indígenas, no estamos hablando de la fragmentación de la sociedad. Estamos hablando de las culturas milenarias que nacieron como parte de las grandes civilizaciones que dieron origen a nuestra humanidad y hoy, finalizando el siglo XX, son parte integral de la esencia de Guatemala. La diversidad étnica y cultural es la naturaleza de Guatemala. Los sectores más vulnerables que forman parte de las minorías tienen muchas luchas comunes con los pueblos indígenas. Son incomprendidos. son marginados, son subestimados, son reprimidos. Tienen un acercamiento mucho más válido que cualquier otro sector, porque la discriminación que viven los pueblos indígenas también la viven los sectores vulnerables  o las minorías, porque el desprecio que viven los pueblos indígenas también lo viven tofdos los sectores marginados en la sociedad, y el anhelo de conseguir un nuevo orden legal también es una demanda de los sectores discriminados. Pienso que las luchas son comunes. Las mujeres, los indígenas y las minorías en el mundo deberíamos estar absolutamente próximos en la lucha por intereses comunes. Deberíamos ser actores que abrazamos esas luchas porque vivimos las mismas consecuencias del racismo, la discriminación, la explotación y la tergiversación de nuestra propia realidad.
    Yo me niego a hablar del tema de los pueblos indígenas dentro del marco de las minorías étnicas. Hay una gran diferencia entre una minoría y un pueblo originario o milenario que tiene una cultura antigua, que tiene una cosmovisión, que tiene una filosofía de la vida, que se radica en la historia. Una minoría religiosa puede tener una filosofía de creencia pero no necesariamente posee la raíz de un pueblo milenario y de una cultura milenaria. Sobre todo cuando en buena medida las minorías son producto de los profundos problemas que atraviesa la humanidad. Los mayas somos parte de las grandes civilizaciones antiguas del planeta. Somos parte de las primeras naciones. No somos una minoría étnica o religiosa. En buena medida es el sistema capitalista quien produce a las minorías. Cada vez surgen más minorías sobre la Tierra, pero muchas de ellas no tienen raíces históricas. Muchas veces es una manera común de resistir, de defenderse, de sobrevivir juntos, de luchar juntos por un ideal común. Los problemas han ido lejos y los humanos necesitamos trazar metas para alcanzar nuestros ideales. Sería injusto no hablar aquí de los emigrados, por ejemplo, que constituyen una minoría con derechos específicos. Los pueblos originarios tienen otras leyes y otras normas que les permiten su existencia. Conscientes de que no son la misma cosa, los pueblos originarios y las minorías deben luchar juntos, sobre todo en este fin de siglo marcado por una crisis económica que favorece el repunte de actitudes y de organizaciones racistas y neofascistas.
    Una de las peculiaridades que distinguen a los pueblos indígenas de las minorías étnicas es la elaboración de un pensamiento respecto de la Tierra. Una minoría étnica puede estar concentrada en áreas urbanas o en cualquier lugar sin necesariamente ser miembro de un colectivo o una comunidad como tal, mientras un pueblo antiguo construye su pensamiento en relación con el universo: la Tierra, el mar, el cielo, el cosmos. Necesita una comunidad para su existencia y es la comunidad quien garantiza la continuidad de la transmisión de su pensamiento a sus generaciones. La madre Tierra no es simplemente una expansión simbólica. Es fuente. Es raíz. Es origen de nuestra cultura y nuestra existencia. El ser humano necesita de la Tierra y la Tierra necesita del ser humano. La convivencia equilibrada sobre la Tierra es lo que se ha ido minando. Según los testimonios de nuestros ancianos, las antiguas civilizaciones, las primeras naciones poseían esos valores. En todos los aspectos de la vida debe existir siempre un equilibrio y una de las fuentes más importantes del equilibrio es la comunidad.
    Es justamente lo que se ha perido hoy. Las personas sobre la Tierra ya no se acuerdan de que la Tierra es su madre. La mayoría de los humanos ya sólo piensan en su cuerpo y no piensan en su alma. Ya no se acuerdan de que se deben a la comunidad. Ya no se acuerdan de que la tierra es la fuente de tantas energías y de tanta riqueza. Entonces se ha dado un distanciamiento. Somos seres humanos prepotentes que creemos no necesitar la tierra. Se piensa que no se necesita de los demás y solamente de los propios talentos. O simple y senciallmente nos olvidamos de que la tierra existe y no nos acordamos de que la tierra es un patrimonio colectivo. La comuidad no tiene que ser necesariamente una aldea o un pueblo grande, pues la comunidad nace entre un grupo de gente que se necesita mutuamente para vivir. Entonces yo creo que esto puede generar un debate muy imporante. Si hay desequilibrio, es natural que de produzcan consecuencias tan graves como la existencia del individualismo, las guerras, la crueldad, la intolerancia, el racismo, la ignorancia. Todas las guerras tienen una causa: los desequilibrios y desajustes que vive nuestra humanidad. Actualmente, la tierra tiene un sentido exclusivamente material. En nuestra América, en Guatemala en particular, la tierra tiene un sentido lucrativo para quienes la han acaparado. Han despojado de ella a sus pueblos. El desalojo y la intimidación hicieron que la tierra quedara en pocas manos y que la tierra entonces se explotara sólo en sentido comercial. En Guatemala hay dos tipos de relación con la Tierra: la de quienes la monopolizan con fines puramente materiales y la de quienes vemos en ella a nuestra madre, al origen de la vida y la fuente de nuestro pensamiento.
    Nuestros abuelos fueron muy sabios al descubrir hace muchos años que también la Tierra corría un grave riesgo con los experimentos químicos. Lo que estaban haciendo era producir una alteración del orden natural que, de alguna manera, tendría que ser dolorosa para las generaciones venideras. Se necesitan acuerdos que trasciendan más allá de los gobernantes, más allá de las potencias. Se necesitan acuerdos y soluciones que sean aplicables con urgencia y sean viables para salvar la Tierra de la destrucción. Un compromiso concreto para que la Tierra sea salvada de la ambición del hombre y de la mujer. Que, entonces, se ponga al servivicio del ritmo natural de nuestra humanidad. No sólo los indígenas nacieron de la Tierra. Toda la humanidad tuvo origen en la Tierra. Nació de ella. A medida que la humanidad se subordina a sus propios avances, también atenta contra la integridad del conocimiento de la Tierra. También olvida por completo la seguridad de sus generaciones. La mayoría de los científicos no indígenas conocen la dimensión de los problemas y riesgos que padece la Tierra, pero no lo dicen con energía; por eso la gente no se preocupa y no lucha por recuperar el equilibrio.