Existe una interminable
discusión sobre la diferencia entre pueblos indígenas, minorías
étnicas y sectores vulnerables. Desde hace casi dos décadas,
las Naciones Unidas comenzaron a abordar el tema. Creo que existe una profunda
diferencia entre lo que son los pueblos indígenas, las minorías
como tales y los sectores vulnerables. Cuando hablamos de minorías
étnicas, estamos hablando de un concepto muy amplio. Empezando por
la diversidad religiosa y cultural que puede existir en los países
asiáticos, en los países africanos y también en los
países del este de Europa. Se trata de pueblos que, en realidad,
tienen origen distinto y otras características que los pueblos indígenas.
Naturalmente, hay que escuchar y conocer a estos pueblos para responder
a sus demandas. Pero muchos Gobiernos creen que polemizar o tergiversar
la discusión sobre la cuestión indígena y mezclarla
con el tema de las minorías étnicas es una manera de atrasar
los avances legislativos en los derechos de los pueblos indígenas,
en las Naciones Unidas o en las instancias regionales gubernamentales,
como la Unión Europea o en la misma Organización de los Estados
Americanos. De esa manera, evitan el avance del reconocimiento y respeto
de los derechos de los pueblos indígenas, así como los derechos
de las minorías.
En América, hemos
entendido por pueblos indígenas a aquellos que Cristóbal
Colón confundió con los habitantes de la India hace más
de quinientos años. También son indígenas aquellos
pueblos donde se acentuó la colonización de una manera precisa
o aquéllos donde la colonización no ha terminado. Por ejemplo,
los hermanos del Pacífico viven todavía la colonización,
por lo que podríamos considerarlos como pueblos originarios o pueblos
indígenas. Aquí, en este gran continente nuestro, o se necesita
mucho estudio para saber quién es indígena y cómo
es un pueblo indígena.
Pienso que el derecho
de las minorías va mucho más allá de una reivindicación
coyuntural, económica o política. Tiene un aspecto de reivindicación
religiosa. Tiene características propias que han ido creando algunos
rasgos de su identidad también. Pero para abordar el tema de las
minorías hay que tomar en cuenta un conjunto de valoraciones sobre
realidades muy concretas. Se necesita tener la capacidad de reconocer que
es un tema amplio, serio, profundo y complejo. No se trata de una simple
definición académica. En los últimos tiempos, las
minorías crecen porque la sociedad capitalista en que viviemos es
una sociedad que fragmenta la unidad a nivel nacional. La sociedad es cada
vez más marginadora. Entonces llega un momento en que ya no sólo
tiene contenido étnico-religioso sino de resistencia y de sobrevivencia
frente a una sociedad excluyente. Me refiero a que en muchas partes del
mundo se incrementa la proliferación de nuevas corrientes religiosas,
ideológicas y políticas para tratar de dividir a grandes
poblaciones en pequeñas sectas y pequeñas castas. Convierten
a la población en un arma de diversidad que se enfrenta al proceso
natural de relaciones armoniosas entre diversidad y la unidad nacional.
Es una realidad que conocemos muy de cerca en América, en donde
se experimentan nuevas corrientes religiosas que se imponen el objetivo
preciso de fragmentar a la sociedad, de dividirla entre sí. Las
minorías en el poder implementan toda una serie de mecanismos de
represión institucionalizada para lograr el dominio sobre la mayoría.
Cuando hablamos de minorías
en Guatemala tendríamos que ubicar justamente quiénes son
los sectores minoritarios. Ya no sólo podemos hablar de minorías
que para unos ya son comunes, es decir, los sectores vulnerables: los niños
de la calle, los discapacitados, los ciegos y sordomudos, los lisiados
de guerra, las viudas, las víctimas, los más pobres entre
los más pobres, las sectas religiosas, los afectados por el síndrome
de inmunodeficiencia adquirida (sida) y otros. Estas minorías pertenecen
a los distintos grupos étnicos. Podrían ser minorías
en relación a una población mayoritaria afectada por la guerra,
por los profundos problemas económicos, políticos, culturales
y sociales.
Cuando hablamos de pueblos
indígenas, no estamos hablando de la fragmentación de la
sociedad. Estamos hablando de las culturas milenarias que nacieron como
parte de las grandes civilizaciones que dieron origen a nuestra humanidad
y hoy, finalizando el siglo XX, son parte integral de la esencia de Guatemala.
La diversidad étnica y cultural es la naturaleza de Guatemala. Los
sectores más vulnerables que forman parte de las minorías
tienen muchas luchas comunes con los pueblos indígenas. Son incomprendidos.
son marginados, son subestimados, son reprimidos. Tienen un acercamiento
mucho más válido que cualquier otro sector, porque la discriminación
que viven los pueblos indígenas también la viven los sectores
vulnerables o las minorías, porque el desprecio que viven
los pueblos indígenas también lo viven tofdos los sectores
marginados en la sociedad, y el anhelo de conseguir un nuevo orden legal
también es una demanda de los sectores discriminados. Pienso que
las luchas son comunes. Las mujeres, los indígenas y las minorías
en el mundo deberíamos estar absolutamente próximos en la
lucha por intereses comunes. Deberíamos ser actores que abrazamos
esas luchas porque vivimos las mismas consecuencias del racismo, la discriminación,
la explotación y la tergiversación de nuestra propia realidad.
Yo me niego a hablar del
tema de los pueblos indígenas dentro del marco de las minorías
étnicas. Hay una gran diferencia entre una minoría y un pueblo
originario o milenario que tiene una cultura antigua, que tiene una cosmovisión,
que tiene una filosofía de la vida, que se radica en la historia.
Una minoría religiosa puede tener una filosofía de creencia
pero no necesariamente posee la raíz de un pueblo milenario y de
una cultura milenaria. Sobre todo cuando en buena medida las minorías
son producto de los profundos problemas que atraviesa la humanidad. Los
mayas somos parte de las grandes civilizaciones antiguas del planeta. Somos
parte de las primeras naciones. No somos una minoría étnica
o religiosa. En buena medida es el sistema capitalista quien produce a
las minorías. Cada vez surgen más minorías sobre la
Tierra, pero muchas de ellas no tienen raíces históricas.
Muchas veces es una manera común de resistir, de defenderse, de
sobrevivir juntos, de luchar juntos por un ideal común. Los problemas
han ido lejos y los humanos necesitamos trazar metas para alcanzar nuestros
ideales. Sería injusto no hablar aquí de los emigrados, por
ejemplo, que constituyen una minoría con derechos específicos.
Los pueblos originarios tienen otras leyes y otras normas que les permiten
su existencia. Conscientes de que no son la misma cosa, los pueblos originarios
y las minorías deben luchar juntos, sobre todo en este fin de siglo
marcado por una crisis económica que favorece el repunte de actitudes
y de organizaciones racistas y neofascistas.
Una de las peculiaridades
que distinguen a los pueblos indígenas de las minorías étnicas
es la elaboración de un pensamiento respecto de la Tierra. Una minoría
étnica puede estar concentrada en áreas urbanas o en cualquier
lugar sin necesariamente ser miembro de un colectivo o una comunidad como
tal, mientras un pueblo antiguo construye su pensamiento en relación
con el universo: la Tierra, el mar, el cielo, el cosmos. Necesita una comunidad
para su existencia y es la comunidad quien garantiza la continuidad de
la transmisión de su pensamiento a sus generaciones. La madre Tierra
no es simplemente una expansión simbólica. Es fuente. Es
raíz. Es origen de nuestra cultura y nuestra existencia. El ser
humano necesita de la Tierra y la Tierra necesita del ser humano. La convivencia
equilibrada sobre la Tierra es lo que se ha ido minando. Según los
testimonios de nuestros ancianos, las antiguas civilizaciones, las primeras
naciones poseían esos valores. En todos los aspectos de la vida
debe existir siempre un equilibrio y una de las fuentes más importantes
del equilibrio es la comunidad.
Es justamente lo que se
ha perido hoy. Las personas sobre la Tierra ya no se acuerdan de que la
Tierra es su madre. La mayoría de los humanos ya sólo piensan
en su cuerpo y no piensan en su alma. Ya no se acuerdan de que se deben
a la comunidad. Ya no se acuerdan de que la tierra es la fuente de tantas
energías y de tanta riqueza. Entonces se ha dado un distanciamiento.
Somos seres humanos prepotentes que creemos no necesitar la tierra. Se
piensa que no se necesita de los demás y solamente de los propios
talentos. O simple y senciallmente nos olvidamos de que la tierra existe
y no nos acordamos de que la tierra es un patrimonio colectivo. La comuidad
no tiene que ser necesariamente una aldea o un pueblo grande, pues la comunidad
nace entre un grupo de gente que se necesita mutuamente para vivir. Entonces
yo creo que esto puede generar un debate muy imporante. Si hay desequilibrio,
es natural que de produzcan consecuencias tan graves como la existencia
del individualismo, las guerras, la crueldad, la intolerancia, el racismo,
la ignorancia. Todas las guerras tienen una causa: los desequilibrios y
desajustes que vive nuestra humanidad. Actualmente, la tierra tiene un
sentido exclusivamente material. En nuestra América, en Guatemala
en particular, la tierra tiene un sentido lucrativo para quienes la han
acaparado. Han despojado de ella a sus pueblos. El desalojo y la intimidación
hicieron que la tierra quedara en pocas manos y que la tierra entonces
se explotara sólo en sentido comercial. En Guatemala hay dos tipos
de relación con la Tierra: la de quienes la monopolizan con fines
puramente materiales y la de quienes vemos en ella a nuestra madre, al
origen de la vida y la fuente de nuestro pensamiento.
Nuestros abuelos fueron
muy sabios al descubrir hace muchos años que también la Tierra
corría un grave riesgo con los experimentos químicos. Lo
que estaban haciendo era producir una alteración del orden natural
que, de alguna manera, tendría que ser dolorosa para las generaciones
venideras. Se necesitan acuerdos que trasciendan más allá
de los gobernantes, más allá de las potencias. Se necesitan
acuerdos y soluciones que sean aplicables con urgencia y sean viables para
salvar la Tierra de la destrucción. Un compromiso concreto para
que la Tierra sea salvada de la ambición del hombre y de la mujer.
Que, entonces, se ponga al servivicio del ritmo natural de nuestra humanidad.
No sólo los indígenas nacieron de la Tierra. Toda la humanidad
tuvo origen en la Tierra. Nació de ella. A medida que la humanidad
se subordina a sus propios avances, también atenta contra la integridad
del conocimiento de la Tierra. También olvida por completo la seguridad
de sus generaciones. La mayoría de los científicos no indígenas
conocen la dimensión de los problemas y riesgos que padece la Tierra,
pero no lo dicen con energía; por eso la gente no se preocupa y
no lucha por recuperar el equilibrio.